Texto | Mónica Oblitas
Fotos | Octavia
Rock boliviano | El grupo más perseverante del rock nacional prepara su nuevo disco. Después de 20 años, Octavia se sigue reinventando.
En esta banda no hay encuentros ni desencuentros. Por casi 20 años, los músicos de Octavia han logrado superar obstáculos y mantenerse en los escenarios rockeros con propuestas diferentes en sus 11 discos. Ahora vuelven a la carga.
Con muy pocos cambios desde que se creara la banda el 23 de diciembre de 1989, Octavia es el grupo más consecuente y prolífico del rock nacional. Prepara el disco número 12 que se lanzará en este año y que todavía no tiene nombre, “¡es que es lo último en que piensas!”, se sorprende Vladi Pérez ante la pregunta. El músico es fundador del grupo Coda 3 junto a Simón Luján y Ricardo Sasaki, al que poco tiempo después se integrarían Omar González y Gery Bretel. Luego, la banda se transformaría en Octavia y llegaría Martín Fox, para ocupar el puesto de Bretel. Después se sumó el zampoñista Gimmer Illanes y de eso hace varios años, aunque Sasaki vive en Estados Unidos, no ha habido más cambios.
Con algunas canas más y con las mismas ganas, nos reunimos con Simón y Vladimir para conversar después de mucho tiempo, brindando con agua. Se nota que los músicos han madurado y que están en lo mejor de su carrera, con esta vibra nace el nuevo disco que tiene ya 19 canciones y que se promocionará junto al aniversario de la banda a finales de este año.
¡OH!: ¿En qué etapa está el nuevo disco?
Simón Luján (SL): El nuevo disco está en la parte de preproducción con hasta ahora 19 canciones. Estamos haciendo canciones que nunca habíamos hecho; lo he notado ya en esta etapa, son bastante maduras, adecuadas a lo que la banda está haciendo ahora luego de 20 años. Son muy buenas, pero como están en primera fase es difícil explicar la línea que tienen, todavía no nos hemos juntado los tres a hacer el análisis profundo. Tenemos una gran cantidad de trabajo. Estos últimos tres años han sido intensos y apenas hemos tenido el espacio para componer. Menos mal que hemos llegado a un buen número de canciones y estamos muy contentos.
¡OH!: Madurez en las canciones, ¿en qué sentido? ¿es un crecimiento lírico y musical?
SL: Musicalmente, primero porque la parte lírica está en plena elaboración.
Vladi Pérez (VP): Se nota que la banda está madura cuando las canciones tienen más sentido, un alma propia. Más que lo complejo, buscas lo simple.
Nosotros siempre hemos hecho alrededor de 20 o 25 canciones por disco y de esas la mitad se desechaba, pero ahora todas están interesantes así que nos va a tomar tiempo definir cuáles se quedan y cuáles no. Te aseguro que las que no entren en este disco, serán editadas en uno próximo.
¡OH!: ¿Quién está produciendo el disco?
VP: Esta vez lo estamos produciendo solos. Básicamente hay una tendencia mundial, favorecida por el Internet, de manejar discos independientes. Tenemos las condiciones para editarlo tanto nacional como internacionalmente. Octavia maneja muy bien sus relaciones públicas y tenemos la capacidad como para poder abarcar esto como una empresa, que es en lo que ha convertido Octavia.
¡OH!: ¿Cuándo sale a la venta el nuevo disco?
SL: Dios quiera que sea para la primera quincena de octubre, porque es un gran motivo para nosotros de hacer una nueva gira por Estados Unidos donde es la segunda vez que tocamos en este año, y de volver en diciembre a Bolivia para celebrar los 20 años de trabajo.
¡OH!: ¿Qué tan comercial está el disco? ¿Les importa que la gente baile sus canciones aunque no las entienda?
VP: Qué artista no quiere que la gente coree sus canciones, pero con Octavia hemos hecho de lado eso y es más un gusto nuestro. Si a nosotros nos gusta, ojalá les guste a los demás, pero no es una prioridad.
SL: No buscamos la formulita, pero somos conscientes de qué es lo que les gusta a los seguidores de Octavia, en este caso van a haber más sorpresas, porque en este punto del disco hasta nosotros estamos sorprendidos de lo que ha ido saliendo.
¡OH!: ¿Cómo evalúan estos 20 años?
VP: La verdad es que estamos recién asumiendo que son 20 años…
SL: No parece… (ríen)
VP: No, no parece, vamos viendo el cambio generacional en el público, de pronto nos vemos con viejos amigos, y resulta que unos fans nuevos son los hijos de esos amigos. Recién estamos asumiendo que ha pasado tanto tiempo de constante ascenso para el grupo.
No conozco muchas bandas nacionales que hayan tenido año tras año un peldaño que cruzar. Estamos en nuestro mejor momento y fruto de ello es lo que nos está pasando. De pronto hay empresas que te piden que hagas algún trabajo porque eres un referente para la juventud, por ejemplo. Eso para nosotros es un gran honor. Además, estamos dando conciertos fuera del país constantemente, y todo eso da idea de que Octavia ha entrado en otra etapa más.
¡OH!: ¿Cómo han hecho para mantenerse unidos durante estos 20 años?
SL: Son varios factores, es ir superando problemas que se presentan en todas las bandas. Llegan momentos cuando se tiene que hablar de cosas más serias, de giras más largas, de dejar la familia, de convivir mucho tiempo entre puro músicos en espacios pequeños, es superar todo eso. Lo principal ha sido aceptarnos el uno al otro para aguantarnos juntos.
Hemos llegado a tal nivel de entendimiento que hemos superado tanto los buenos como los malos momentos, nos han fortalecido, nos han hecho más unidos, más amigos. Disfrutamos mucho de lo que hacemos. Además del grupo de músicos, está el staff que también se ha integrado a esta familia. No es estrictamente una empresa, sino que tratamos de hacer esto lo más llevadero posible porque sabemos que esa es la mejor manera.
¡OH!: Háblenme del peor momento de Octavia…
SL: Cuando Sony Music cierra sus oficinas en Bolivia el 2001 con un disco apenas con una semana en el mercado (“4”), que era excelente y que hicimos con las mejores ganas con los empresarios de Sony en Chile y en Bolivia, y que fue cortado en seco. Perdimos el contrato, el disco, la promoción…, fue difícil. Nos vimos angustiados mucho tiempo por el futuro incierto, pero de a poco se fueron dando las soluciones. Trabajando calladamente nos mantuvimos hasta que se dio la oportunidad de grabar en Estados Unidos el 2004.
¡OH!: Respecto a esto, qué me cuentan, al cierre de las casas disqueras ¿qué sienten hoy cuando caminan en las calles y ven discos piratas de Octavia?
VP: Particularmente en un principio tenía una sensación de rabia, pero los discos fueron un producto inaccesible para cualquier ciudadano. Difícilmente uno puede comprar un disco en 80 o 100 bolivianos. Yo me acuerdo que hace un tiempo anhelaba tener la música que quería escuchar y no podía porque no me daba la plata. Lo mismo pasa con el 80% de la población en Bolivia.
Ahora que pienso en la producción pirata me digo que quizá los discos no deberían haber costado tan caro, quizá las transnacionales ganan demasiado dinero porque el costo real de la música es nada respecto a lo que aún ganan. De alguna manera, la piratería ha logrado romper esas barreras y quizá en Estados Unidos puedan decirme que soy un delincuente, pero estamos en Bolivia, un país sin dinero donde los productos originales son muy caros. Me da pena decirlo porque nosotros nos sacamos la mugre para hacer un disco y sé que ni bien lo terminemos, estará a la venta en forma pirata. No hay quién haga nada y con lo único que me conformo es que este disco no lo hago para la gente, lo que queremos es hacer un producto bien hecho, bien producido y más que la venta lo que nos interesa es que a la gente le guste, le afecte. Eso es. Que viva lo nuestro.
SL: Lo real es que no puedes luchar contra un monstruo como la piratería que no tiene fronteras. La meta de Octavia siempre ha sido hacer buenos discos, un buen producto. Que cuando vayas a comprar el original tengas algo con un valor agregado, algo importante para los fanáticos que van a comprar un disco original. Es una especie de consuelo para nosotros. Cuando salió la primera versión del disco “Aura”, estaba en un empaque muy especial. Eso ya no existe más, es muy difícil que vuelva a salir un compilado de Octavia original por ejemplo. Para los que no pueden, no hay otra opción que la piratería.
¡OH!: ¿Cuál es según ustedes la realidad del rock nacional?
SL: Es muy difícil, si bien hace un par de años se pensaba que estaba en ascenso, ha sido un boom con algunas bandas que no está logrando permanecer en la gente. Nos preocupa, porque para nosotros, como una banda que tiene tantos años, es importante que hayan otras que vengan conquistando a la gente, volviéndola fanática del rock boliviano. Hacer del rock casi una religión es el sueño particular, pero las bandas que existen quizá no hacen los movimientos correctos para terminar de afrontarse como bandas importantes. Tiene que haber más trabajo, más apoyo para el rock nacional. Para mí, falta bastante para que se consolide como una banda importante.
¡OH!: Se dice que hay un antes y un después en el rock boliviano a partir de Lou Kass y Octavia, pero son 20 años y ninguna otra ha podido equipararse. ¿Por qué? ¿Qué le falta al rock boliviano?
VP: Hay que saber diferenciar. Hay una crisis de grupos porque han surgido muchos, pero se han quedado ahí, sin embargo esa es una característica del mercado porque no todas las bandas pueden tener éxito en cada disco, son pocas las bandas que por ese motivo se mantienen en el tiempo. Que el mercado ha crecido, es evidente. Lou Kass después de tanto tiempo se junta, tiene éxito económico, nosotros seguimos viviendo de esto. Es la demostración de que si haces buena música la gente te va a responder y vas a poder seguir en esto.
SL: Hay una crisis a nivel mundial de buena música. Hay miles de grupos que son como bombitas que explotan y desaparecen. Creo que también en Bolivia hay una crisis compositiva. Todos hacen covers con sonidos actuales de viejas canciones. Y no sólo es en Bolivia, es en el mundo, y uno no puede saber a qué se debe. En Bolivia, los intentos que se han hecho han sido extremadamente comerciales, no hay una esencia propia del músico que con su acto de rebeldía, dice algo. Ya está todo dicho, ya está todo hecho, es muy difícil.
¡OH!: Parece que hay una falta de conexión entre la creatividad de muchas bandas con la polémica realidad boliviana, ¿es así?
VP: Sí, definitivamente. En Bolivia se apunta más a tener un éxito comercial, pero nadie ha dicho que la música tenga que ser siempre contestataria o reflejar la realidad del país, es un camino que se puede seguir, hay varios que lo hacen y varios que no. En Estados Unidos, pese a la crisis y a la guerra por ejemplo, pocas son las bandas que abordan ese tema.
SL: Lo que pasa es que el rock ha dejado de ser un canto rebelde porque ha sido consumido por el comercio. Se tienen que vender sí o sí 150.000 copias, sino no sirve; y ahí se van desperdiciando y relegando talentos y se reduce a un mercado independiente en el cual nosotros también estamos, que queremos mover nuestra música de otra forma.
¡OH!: ¿Y qué pasa con los tributos?
VP: Esa es una tendencia mundial. Y hay tributos donde los que tocan son clones de los músicos, son idénticos. Acá estamos haciendo truchadas, pero hay que admitir que es un fenómeno global, y el reflejo de lo que pasa se da sobre todo en La Paz, que es la ciudad más cosmopolita y que repite.
SL: Ya no hay música que hacer. Y eso te hace valorar lo que ha sido el rock. Si has tenido la fortuna de ver en vivo a los Rolling Stones por ejemplo, eso es único y sabes que no van a estar para siempre. Estos tributos te hacen pensar que no es lo mismo, que nunca más será lo mismo.
Nosotros compartimos escenario en toda Bolivia y prácticamente el 80% de las bandas son de covers que terminan tocando cumbia. En este sentido hay un desvío profundo. Y no es culpa de los nuevos oyentes el que bailen reggaeton, no es su culpa creer que es lo máximo. Pero hay algunos que están luchando, una resistencia armada que sigue buscando al rock.
¡OH!: No es un panorama muy optimista…
SL: Aún así, se tiene que conseguir los espacios, nosotros somos una banda de Sudamérica y nos inventamos espacios. Eso es consecuencia de insistir, de trabajar y en Estados Unidos donde comenzamos desde abajo, ahora tocamos para un mercado no sólo boliviano, sino latinoamericano, tenemos un disco en inglés, son muchos procesos para ello. Pueden haber casos donde haya un bombazo como “La bomba” precisamente, que me pareció bárbaro porque Azul Azul llevó a Bolivia hasta el último confín, más allá del tipo de música. Pero no queda otra para los músicos que luchar y proponer cosas nuevas. No hay otra.
Nota publicada en la revista OH del periódico LOS TIEMPOS